Mostrando entradas con la etiqueta Ley Sinde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ley Sinde. Mostrar todas las entradas

viernes, 4 de febrero de 2011

A vueltas con la Ley Biden-Sinde (parte 2)

Bueno como prometí aquí estoy. Veo que mis estadísticas están muy bajas, lógico en un blog que llevaba meses inactivo. Veré que puedo hacer al respecto...

Antes de nada me ha encantado el artículo de que Ibarra ha publicado hace 2 días en el pais o el estupendo discurso que dio en el senado el año pasado (he visto referencia aquí).

Vamos con mi propuesta:

Como dije en la anterior entrada, no es lo mismo copiar que robar. Es muy diferente hacerse con un objeto físico que pertenece a otro que hacer una copia de un objeto existente.

Entramos en detalle, cada persona puede tener una apreciación, veamos las distintas posibilidades que tenemos hoy en día al hacer copias de obras culturales (películas, música, libros electrónicos y quizá juegos aunque en realidad cada uno tiene sus peculiaridades):
•Hacer una copia de una obra cultural para revenderla y obtener así un beneficio económico (ánimo de lucro) sin que el autor reciba ninguna contraprestación considero que es un DELITO (yo lo llamaría estafa pero no robo ni piratería).

•Hacer una copia de una obra cultural y revenderla sin mencionar al auténtico autor o quizá atribuyéndolo a otro considero que es un DELITO (al que llamaría en este caso PLAGIO). Este caso también se daría aunque se hicieran ligeras modificaciones a la obra. Además lo considero un delito mucho más grave que el anterior y no digamos ya si además obtengo un beneficio económico.

•Si hago una copia de seguridad de una obra NO ES un DELITO.


Hasta aquí creo que no hay demasiadas dudas y todo el mundo debería estar de acuerdo. Ahora entro en el terreno donde caben más interpretaciones:

•Si hago copias de una obra para uso personal, por ejemplo para tenerlas en varios sitios (en casa, en el trabajo, etc.) o en varios soportes (cinta, CD, DVD, etc.) NO ES un DELITO.

•Si hago copias de una obra para que alguien de mi núcleo familiar (padres, hijos y personas que viven en mi casa) pueda escucharlas cuando yo no esté o lo haga en sus dispositivos personales, NO ES un DELITO.


Lo que acabo de indicar podría escapar a la interpretación de “copia privada” que permite la Ley. Vamos más allá aún:

•Si hago una copia a un familiar externo a mi núcleo familiar o a un amigo, NO ES un DELITO. Aquí ya empezamos a rozar los límites sobre todo porque ¿hasta donde llegan los amigos?

•Si pongo a disposición de otros (desconocidos) una obra para que puedan hacer copias de ella sin que yo obtenga ningún beneficio económico (por ejemplo el P2P) ¿es delito?

•Si hago lo anterior pero además obtento ingresos por publicidad (existe ánimo de lucro) ¿es delito?

•Si hago lo anterior y además cobro a los usuarios por descargarse mis contenidos es DELITO. En este caso considero que estamos de nuevo en el primer punto.


En cualquier caso me parece mal que obras que se acaban de estrenar en el cine puedan descargarse de Internet cuando aún no existe ni siquiera la versión HOME en DVD de la obra.
También me parece mal que una obra que ya ha terminado de estar expuesta en el cine y que ya ha pasado varios meses (o años) desde que salió en DVD no esté accesible de forma sencilla y gratuita por Internet.

Nuevos tiempos necesitan nuevos paradigmas y nuevas normas de juego. Aún tengo una propuesta adicional que podría resolver este "problema" cultural. Para otra entrada del blog.

miércoles, 26 de enero de 2011

A vueltas con la Ley Biden-Sinde (parte 1)

Justo hoy hace 2 años que Jose Luis Rodriguez Zapatero en “Tengo una pregunta para Vd” nos decía que iba a impulsar 31.000 obras públicas para animar la economía y así, salir de la crisis. Ese plan E sirvió para vaciar las arcas del estado y para aumentar el déficit pero no para frenar la sangría del paro o para reanimar la economía.
Ese mismo día nuestro presidente defendía el sector cultural español indicando que era un sector innovador, con un gran potencial en el mundo, que empleaba en España 1.000.000 de personas y que suponía el 5% de PIB de España. Era junto a las TIC, la alternativa al ladrillo sobre el que tantos años se basó la economía española.
En mi opinión, en un mundo donde las máquinas sustituyen cada vez más al hombre y donde los trabajos repetitivos ya no son realizados por humanos, los trabajos creativos cobran cada vez más relevancia y por tanto creo que efectivamente el sector cultural puede ser un elemento importante en el futuro de nuestro país.
¿Qué ocurre? Que internet permite compartir estos trabajos creativos con facilidad y de forma gratuita sin la autorización de los autores, lo que deja a éstos sin su remuneración correspondiente. Por otro lado permite que sus trabajos lleguen a mucha más gente de forma sencilla y sin necesidad de intermediarios e incluso, si éstos lo desean, de forma gratuita.
Para evitarlo, bueno en realidad para evitar que se distribuyan de forma gratuita por internet las obras culturales, especialmente aquellas realizadas por profesionales y que han costado mucho dinero, nuestro gobierno va a publicar la ley Biden-Sinde, que en realidad es el nombre con el que se conoce a una disposición de otra Ley que no trata sobre temas culturales, pero que se cuela por ahí.
Se han publicado multitud de opiniones al respecto y creo que es un asunto que efectivamente requiere debate porque nos encontramos con un nuevo paradigma y es algo que ya he expresado antes aquí en el blog que Internet lo cambia todo.
Por si alguien no está enterado de que va toda esta historia, una explicación sencilla aquí.
Especialmente interesantes me han parecido las opiniones de la actual ministra, o del presidente de la SGAE pero mucho más interesante fue el debate entre Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Antonio Muñoz Molina y de nuevo Ibarra. Y aquí respondiendo a Antonio Muñoz Molina.

Una cosa si hay que dejar claro:
NO ES COMPARABLE LA PROPIEDAD FÍSICA A LA PROPIEDAD INTELECTUAL
y
COPIAR NO ES LO MISMO QUE ROBAR

Prometo una nueva entrada con propuestas novedosas (y quizá descabelladas) para tratar de solucionar este paradigma.