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lunes, 8 de abril de 2024

ÉTICA XVIII: NOZICK

 
Se podría decir que Rawls encajaría en el concepto de socialdemocracia o que defiende el estado de bienestar. En 1974, 3 años después de publicar su libro "Teoría de la Justicia" que mencioné en la anterior entrada, otro filósofo de su misma universidad, Robert Nozick publica su respuesta a este libro "Anarquía, estado y utopía" que encajaría perfectamente en lo que hoy llamamos pensamiento neoliberal.
 
Nozick defiende un "estado mínimo", dirigido a fines policiales, pero sin funciones de redistribución de la riqueza. Un estado protector de la propiedad privada y que no asume ninguna responsabilidad en cuanto a igualdad o equidad.
 
¿Por qué la atención médica o la educación son bienes universales y básicos y deben ser garantizados a todos? ¿por qué no también la peluquería o la carpintería?. Las políticas de igualdad de oportunidades siempre perjudican a alguien, obviamente a aquel al que se le quita parte de lo que tiene para beneficiar a los demás desposeídos. No hay argumento que justifique esa usurpación de lo que es propio.
 
No cabe duda de que Nozick no veía bien los impuestos. Según él, la única distribución justa es la de libre intercambio y la única protección social justa es la de la beneficencia o la solidaridad, la del filántropo que es libre y voluntariamente dedica parte de sus bienes a satisfacer necesidades ajenas.
 
El pensamiento neoliberal ha influido mucho en las sociedades occidentales y todavía tiene muchos defensores. Como se puede observar en mi blog a lo largo de los años, no estoy para nada de acuerdo con dejar que la salud, la alimentación, la educación o la vivienda, derechos humanos básicos, queden al libre albur de la providencia. Cierto es que hay personas más o menos trabajadoras, que la pereza es una de los principales "vicios" humanos, pero incluso entre los que lo tienen, no me parece humano (o ético) dejarlos malviviendo en la calle, desnutridos, al albur de las enfermedades y sin derecho a una educación que bien podría sacarlos de ese "vicio" que en mala hora han adquirido.


Imagen: PrivatePropertySign.jpg de Dominio Público CC0 1.0 Universal via https://commons.wikimedia.org/wiki/File:PrivatePropertySign.jpg

miércoles, 3 de abril de 2024

ÉTICA XVII: RAWLS

 


 

John Rawls establece la justicia como el objetivo primordial de la ética. Su propósito es llegar a determinar los criterios para una distribución justa de los bienes básicos.
 
Para conseguirlo, plantea que no podemos partir de una sociedad de desiguales. En dichas sociedades sería inútil preguntarles a los individuos qué criterios de justicia aceptarían como válidos: cada cual buscaría su propio beneficio y será imposible obtener un resultado aceptable para todos.
 
Rawls recrea una situación ideal de igualdad, una situación, piensa, desde la que pueden determinarse los principios de la justicia que cualquier persona racional aceptaría o pactaría. No existe, ni es real, hay que imaginarla. La llama la "posición original". Consistirá en una especie de reunión de personas iguales entre sí, en el sentido de que ignoran todo sobre su posible o futura situación en la realidad: ignoran si serán hombres o mujeres, jóvenes o viejos, ricos o pobres; es decir, desconocen todo lo que podría llevarlos a decidir unos criterios de justicia que los beneficiaran personalmente y no a la sociedad en general. A partir de aquí establece dos principios de la justicia que son:
 
1. Cada persona debe tener el mismo derecho al sistema total más extenso de libertades básicas e iguales que sea compatible con un sistema similar de libertad para todos.

2. Las desigualdades sociales y económicas han de estar dispuestas de modo que se cumplan las dos condiciones siguientes:
    a) Den mayor beneficio a los menos aventajados, de forma que acaben beneficiando a todos;
    b) estén vinculadas a posiciones y tareas abiertas igualmente a todos.
 
El primero, la libertad, es prioritario. Rechaza el utilitarismo porque no tiene en cuenta las libertades individuales. 
 
El segundo principio establece que las desigualdades reales son justas siempre que sean contempladas desde un esquema que mejore la expectativas de los peor situados.
Añade a este segundo principio dos subprincipios:
a) igualdad de oportunidades.
b) el "principio de la diferencia" que indica la forma de corregir la desigualdades que aún persisten en toda sociedad aun cuando muchas injusticias sociales se hayan eliminado y que se enuncia así:
 
Establecido el marco institucional que requieren la libertad y la igualdad de oportunidades equitativas, las expectativas más altas de aquellos que están mejor situados son justas solo si forman parte de un esquema que mejora la expectativas de los miembros menos favorecidos de la sociedad.
 
Rawls acepta el intuicionismo ético. Según él, la intuición nos dice que las desigualdades de nacimiento son injustas, que la intolerancia racial o religiosa es injusta, que la acumulación de poder es injusta, etc. Lo que la intuición no nos dice es cuál es la correcta distribución de la riqueza y cómo deben corregirse tales desigualdades. Los principios anunciados proporcionan un criterio, pero un criterio que habrá que ir ajustando a las variaciones que presenta la realidad, que, de entrada, es imprevisible. De esta forma, los principios de la justicia proporcionan a las instituciones unas pautas a las que deben atenerse a la hora de resolver conflictos y tomar decisiones.
 
Rawls presenta un enfoque muy interesante del que partir con vistas a lograr una sociedad libre e igualitaria.

 

 

Posición Original de Philosophyink - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=52038667. Transformado de SVG a jpg por el autor.

 

miércoles, 28 de febrero de 2024

ÉTICA X: KANT

 


 

 

Los filósofos de todas las épocas se han preguntado si el hombre actúa en base a la razón o en base a la emoción. Tras mucho debate hoy en día se podría concluir que realmente actuamos con ambas: hay veces que razonamos las cosas y llegamos a tomar ciertas decisiones en base a la razón pero otras la emoción es la que nos impulsa a tomar las decisiones. Y es que en el fondo la emoción es un modo de resolver de forma sencilla y rápida cosas que nos costaría mucho esfuerzo o tiempo razonar.
 
Kant es el "máster" de la razón y defiende que con ella debemos explicar y resolver los problemas morales. Admira a Hume pero no está de acuerdo con él pues está convencido de que existen leyes morales puras que determinan a priori, sin motivos empíricos, lo que se debe hacer.
 
En su fundamentación de la "Metafísica de las costumbres" da una serie de pasos e "imperativos" que podría detallar en esta entrada del blog pero que esencialmente lo que proponen es que el fin último del ser humano no debe ser la felicidad sino ser digno de ella mediante mediante el cumplimiento del deber.
 
Para ello debe seguir la voluntad buena o el imperativo moral que impone el deber de la lealtad, la sinceridad y la fidelidad.

Existen unas leyes morales y para definirlas indica que sólo es moralmente bueno aquello que debería ser bueno universalmente y valer para todos sin excepción.
 
Libertad e igualdad también son máximas del deber:
 
El ser libre hace lo que quiere, que no suele ser lo mismo que quiere el otro. La ley moral tiene que ser universal. Además de ser libre y autónoma tienen que quererla sin excepción y coincidir en ella todos los seres racionales. Somos autónomos, sí, pero lo somos para darnos una ley cuyos requisitos para ser moral es que sea la misma para todos.
 
El hombre vive escindido entre lo que debe ser y lo que es. Una escisión que constituye otra de las grandes aportaciones de su ética, ya que, si el conflicto interno no existiera, la ética no sería necesaria; estaríamos en el reino de los fines donde ser y deber ser coinciden.
 
Kant ha sido criticado porque rechaza de un plumazo todos los relativismos anclados en la diversidad cultural y de la costumbres y plantea una ética de principios universalizables que tiene que ser abstracta y formal porque la unidad de la razón que Kant busca, se encuentra solo en los grandes conceptos: justicia, paz, libertad, igualdad,... pero desaparece a medida que concretamos y damos contenido a sus ideales.
 
Algo que es correcto en teoría puede no ser correcto al aplicarlo en la práctica. Por otro lado si es el individuo el que ha de juzgar si la máxima de su acción es universalizable, un individuo que no es solo razón sino una amalgama de deseos e inclinaciones, en ocasiones, puede justificar cosas completamente amorales.

Kant intentó establecer una ética basada solo en la razón, pero las personas nos movemos también por sentimientos. No obstante para una Inteligencia Artificial un planteamiento tan aséptico podría ser válido pues las IAs no tienen sentimientos.

¿Y realmente queremos un mundo donde las decisiones se tomen sin sentimientos?
 
 
Immanuel Kant por Gottlieb Doebler - http://www.philosovieth.de/kant-bilder/bilddaten.html, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=32847847

 

domingo, 18 de febrero de 2024

ÉTICA VIII: HUME

 


A lo largo de las anteriores entradas nos ha quedado la duda de si la tendencia original y "natural" al referirse a la condición humana es el egoísmo o la benevolencia. Muchos filósofos han optado por una u otra sin llegar a demostrar cuál es la verdadera.

 
Es de destacar, por ejemplo, a Bernard de Mandeville que en su libro "La fábula de las abejas" desarrolla la teoría de que el hombre siempre actúa con egoísmo y en busca de su interés particular, lo cual, a su juicio, no es negativo, ya que gracias a los vicios privados, como el afán de lucro, progresa la economía y ello redunda en beneficio de todos. Una tesis que se ha convertido en el principio fundacional de eso que hoy llamamos el neoliberalismo.
 
Otra duda que ha enfrentado a los filósofos es si la moral debe definirse en base a la razón o es algo que se siente.
 
Victoria Camps señala a Hume como uno de los defensores del pensamiento empirista es decir que la moral está basada en el sentimiento y al servicio de las pasiones.
 
"La razón es inerte, no influye en la conducta, sirve para descubrir la verdad o la falsedad, pero no mueve a actuar. La moral, en cambio, necesita las pasiones y produce o previene ciertas acciones".
 
A diferencia de Hobbes o Spinoza, afirma sobre el contrato social:
 
"Nunca el poder político se ha originado en un contrato, consentimiento o compromiso mutuo de todos los seres humanos. Quienes defienden el contrato social olvidan que el origen del poder político siempre ha sido la conquista, la usurpación o la sumisión involuntaria".
 
También afirma:
 
"Que no podamos aludir a la teoría del contrato como fundamentación del estado y del derecho no significa que no sea necesaria la justicia pues el sentimiento de simpatía por sí solo no evita las guerras ni los conflictos humanos que llevan a la dominación de unos por otros".
 
"Es necesaria a la justicia porque es un requisito para el bienestar de la humanidad y para la existencia de la sociedad. Todas las instituciones que dan soporte a la justicia son una necesidad social. Existen otras virtudes sociales más instintivas o "naturales" que nacen de las relaciones estrechas entre las personas, las relaciones filiales o de amistad, pero la virtud social de la justicia tiene un origen distinto porque su propósito es la felicidad no de los más allegados, sino de toda la sociedad y aún de toda la humanidad, el bien general". (...)
 
"Hace falta la justicia porque existe la sociedad y porque no hay suficientes recursos para proporcionar a todos lo necesario (aquí  hace referencia al concepto de que también señaló Locke de "propiedad"). En una sociedad de la abundancia no haría falta a la justicia porque no sería preciso repartir nada. Tampoco sería necesaria la justicia si los hombres fueran benevolentes y desinteresados con todo el mundo, pero el sentimiento de benevolencia y la imparcialidad no suele aplicarse por igual a todos los hombres. Así, la justicia tiene un fin que la benevolencia por sí sola no satisface. La justicia actúa en beneficio de la sociedad, la seguridad y el orden".

 

En una sociedad, lo justo y lo injusto es el resultado de las acciones del individuo dentro del marco social acordado para la convivencia: El que actúa de acuerdo a las leyes de justicia, es un hombre bueno y el que se deja vencer por el egoísmo y no las respeta, es un mal hombre. Ser bueno o malo es el resultado de la obediencia o no de las leyes sociales de justicia.


 

Grabado de David Hume de Simon Charles Miger after Charles-Nicolas Cochin II - Esta imagen fue donada a Wikimedia Commons por en el marco de un proyecto del Galería Nacional de Arte., CC0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=81929680