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domingo, 17 de enero de 2021

El derecho a las comunicaciones




Las necesidades de comunicación entre las personas han existido siempre desde que existe la humanidad y a medida que se han desarrollado las civilizaciones y ha aumentado el comercio, la cultura y las comunicaciones cada vez era más necesario el envío de mensajes entre particulares.

Así los servicios postales que se prestaban inicialmente de forma privada, finalmente y con el fin de hacer que fueran asequibles y universales empezaron a prestarse de forma pública. En España como podemos ver en la página de correos, el rey Felipe V en 1706 convirtió el servicio de correos en responsabilidad del estado.

Actualmente el “Servicio Postal Universal” depende del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana y como indica en su web:

“El Servicio postal universal es el conjunto de servicios postales cuya prestación garantiza el Estado de forma permanente en todo el territorio nacional y a precio asequible para todos los usuarios.
Este servicio incluye las actividades de recogida, admisión, clasificación, transporte, distribución y entrega de envíos postales nacionales y transfronterizos, tanto de cartas y tarjetas postales de hasta dos kilogramos de peso, como de paquetes postales de hasta veinte kilogramos de peso (art. 21 de la Ley 43/2010, de 30 de diciembre, del servicio postal universal, de los derechos de los usuarios y del mercado postal).”

Pero estamos en el siglo XXI y este servicio postal actualmente se utiliza muy poco para enviar mensajes como ocurría inicialmente. Ahora su principal función es el envío de paquetes y los mensajes ya llegan a través de otros medios “telemáticos”. Inicialmente fueron el telégrafo y el teléfono pero hoy en día se utiliza internet en todas sus variantes: correo electrónico, aplicaciones de mensajería y redes sociales.



A pesar de que internet no depende de ninguna empresa privada, sí que los servicios mencionados actualmente son prestados por empresas privadas. Esto lleva a noticias como la reciente donde empresas privadas como Twitter o Facebook bloquean la cuenta nada menos que del presidente de los EE.UU.

O servicios que utilizamos habitualmente y de forma casi universal como Whatsapp cambian de forma unilateral sus condiciones y que debemos aceptar sí o sí (o debemos dejar de usar el servicio)

De igual forma que el estado acabó haciéndose responsable del servicio postal no estaría de más que el estado proporcionara a sus ciudadanos un servicio de correo electrónico y mensajería que dependiera del estado y donde se garantizaran además el secreto y la privacidad tal y como marca nuestra Constitución en el artículo 18:

3. Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial.
4. La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos.

Que Google declare abiertamente que tiene posibilidad de acceder a nuestro correo electrónico o que WhatsApp diga que puede compartir con otras empresas nuestros contactos se sale de lo que debería ser aceptable en unos servicios que hoy en día son básicos. Y eso es lo que se declara abiertamente, cuántos servicios se nos ofrecerán gratis y luego sin que los usuarios seamos conscientes recopilan datos para a saber qué fines.

No tiene sentido que algo tan privado como el correo electrónico y los contactos personales estén en manos de multinacionales americanas donde no nos cobran en dinero sino que nosotros somos su mercancía.


Habrá quien esté en contra de que el estado controle estos medios electrónicos, pero se trata de facilitar herramientas a los ciudadanos. Si el desarrollo de estas herramientas se realiza con software libre pueden ser auditadas y así garantizarse su neutralidad, seguridad y confidencialidad.

 

 

Carta (CC BY-NC-SA 3.0) http://recursostic.educacion.es/bancoimagenes/web/

Telefono (CC BY-NC-SA 3.0) http://recursostic.educacion.es/bancoimagenes/web/ Fotógrafo: Alessandro Quisi


domingo, 29 de enero de 2017

La inhumana tecnología o el poder del código

En un viaje reciente al reservar por internet el hotel pude observar como una oferta que aparecía al solicitar una habitación doble, no aparecía si solicitaba 2 habitaciones dobles. ¿Era un problema de la web (del código) o realmente se pretendía realizar así la oferta? (podría ser por ejemplo que no se quería fidelizar grupos o familias). Finalmente realicé 2 reservas a mi nombre de 1 habitación y en ambas pude aprovechar la oferta (como inconveniente las habitaciones estuvieron cerca pero no continuas).

En otra ocasión solicité en una oficina de registro cierto trámite y el funcionario que me atendió me dijo que no podía realizarlo, no por falta de habilitación, o porque fuera ilegal. La escusa esgrimira era "el programa no me deja meterlo".

Anécdotas como éstas me traen a la mente el capítulo 7 de libro de Lawrence Lessig "El Código 2.0" donde de una forma muy inteligente establece las reglas que regulan el comportamiento humano. Señala 4 restricciones que hacen que la gente se comporte de una u otra forma:



  • La Ley: Si una ley nos obliga o prohibe cierto proceder la gente obedece la ley para evitar multas, cárcel o incluso la muerte.
  • Las Normas Morales: Hay ciertas leyes no escritas o ciertas costumbres que además suelen variar muchas veces de un lugar a otro que contradecirlas puede ser más o menos grave.
  • La Arquitectura: Lo que es imposible no se puede hacer. Aquí también dependemos de como por ejemplo las administraciones diseñan algo para que no se pueda incumplir. Puede prohibirse circular con coche por una calle (señal de tráfico =  Ley) o impedirse (mediante vallas atravesadas = Arquitectura).
  • El Mercado: Lo que es caro no puedo pagarlo.

¿Donde entra el código? Claramente en la tercera restricción. Si un programa se diseña o se implementa de forma que una opción no sea posible, no podremos ejecutar dicha opción por mucho que sea legal, de costumbre común o barata.



Es sobre este aspecto, el código sobre el que quería reflexionar. Surge como otro factor más impersonal sobre el que excusarse para realizar algo que a veces no es justo. Igual que el famoso pasaje de las uvas de la ira  de la película de John Ford (que adapta la novela homónima de John Steinbeck):

- Yo no puedo hacer nada, cumplo órdenes; me mandaron a deciros que estáis desahuciados.
- ¿Quiere decir que me echan de mi tierra?
- No hay que enfadarse conmigo, yo no tengo la culpa.
- ¿Pues quién la tiene?
- Ya sabes que el dueño de la tierra es la compañía Shawny Land.
- Pero tendrán un presidente; alguien que sepa para qué sirve un rifle.
- Pero, hijo, ellos no tienen la culpa. El banco les dice lo que tienen que hacer.
- Muy bien, ¿dónde está el banco?
- En Tulsa, pero allí no vas a resolver nada; allí sólo está el apoderado. El pobre sólo trata de cumplir las órdenes de Nueva York.
- Entonces, ¿a quién matamos?
- La verdad, no lo sé. Si lo supiera te lo diría; yo no sé quién es el culpable.
- No pienso marcharme de aquí señor, no hay nadie en el mundo que pueda echarme de mi tierra. Mi abuelo la trabajó durante 70 años. Mi padre nació aquí. Todos nacimos aquí. Y algunos murieron aquí.
Tras la crisis del 29 millares de granjeros tuvieron que emigrar a California sin que nadie fuera responsable de aquella crisis, de que perdieran sus tierras.

Tenemos que evitar que el código sirva como excusa para  que se produzcan situaciones injustas en el futuro, que las decisiones técnicas supongan resultados inhumanos. No podemos permitir que las máquinas tomen decisiones sobre aspectos donde es necesario una flexibilidad que solo un humano puede tener.


Imagen: https://en.wikipedia.org/wiki/File:Wrathposters141.jpg

miércoles, 3 de octubre de 2012

Twitter el Fast Blog


Cuando apareció twitter me pareció una solemne tontería, escribir una frase y ya está, ¿para qué? ¿quién la va a leer?. Han tenido que pasar años para que me diera cuenta de que twitter no es un blog corto, es... otra cosa.

Twitter es rápido, instantáneo, interactivo, permite conocer a mucha gente sin tener que profundizar ni mucho ni poco en quién es, puedes dar tu nombre real o no, nadie te lo va a recriminar.
Se te ocurre una frase y la pones: ya está. Si no estás con el ordenador delante la puedes apuntar para después o teclearla en el móvil.

Eso sí ¿quién escuchará ese cante de jilguero entre los miles de tweets que entran cada segundo? Solo tus seguidores lo verán.

Y es que está muy bien esto de tener un blog o lo de poner tus pensamientos en Internet donde cualquiera en todo el mundo puede entrar y leerlo pero no nos engañemos, en Internet la explosión de contenidos es tal que es casi imposible que nadie lea lo que has puesto.

No hay mas que ver las estadísticas de este blog: 19 páginas vistas el último mes y seguro que se pueden restar algunas por ser yo mismo el que he entrado.
¿Y cómo conseguir visibilidad? ¿Cómo llegar en twitter a más gente?. Eso lo dejo para otra entrada.

También quiero destacar lo importante que es twitter como fuente de información independiente. Los mensajes pueden venir de los medios de siempre pero aquí también tiene cabida la gente común y un comentario junto a un enlace puede darnos información sobre algo que pasa en el mundo y que los medios de siempre (controlados por los de siempre) silencian o dejan en segundo plano.

Un claro ejemplo de esto es la noticia que twiteé el 26 de septiembre sobre la encarcelación de 2 banqueros en Islandia. Tras buscar en los medios españoles no encontré rastro de la noticia, ¿a quién le puede interesar que se no oiga nada de encarcelar banqueros? Habría que ir con la Ley en la mano pero algunos dirigentes de algunas cajas no se puede decir que lo han hecho del todo bien.